La Especialización en Educación Artística Integral parece no estar lejos. Ir a cursar el último semestre de la carrera implica quedarte en la misma Universidad, en la misma Facultad andar por los mismos edificios y volver a visitar salones conocidos, parece que está cerca y que es vecina pero la distancia ejerce transformaciones drásticas. La dislocación se reduce cínicamente si se condiciona al emplazamiento, el lugar responde a las relaciones políticas que se configuran entre las personas y su entorno,  y las formas de  asumir sus condiciones biopolíticas en ese contexto. Así que ir al otro lado del mundo podría no dislocar las formas de asumirse en el contexto.

Aunque las transformaciones son drásticas no me he dado cuenta de todas, las percibo porque hicieron tambalear el suelo y la incomodidad encontró lugar en otros, una especial de eco. Hay percepciones encontradas parece que escuchara resonancia en posturas y  posiciones cuando estamos hablando en mesa redonda pero también percibo escuchas críticas y contradictorias. La escucha y los actos de la voz es presencia legítima del cuerpo, no son acciones por medio de las cuales se explica otra acción o en el peor de los casos se explica un objeto “poético”. El habla constituye un acto contundente de posturas y el silencio en su misma magnitud.

Normalmente entre los estudiantes de artes los textos producidos  tienen un tono explicativo del objeto, una intención por justificar en palabras todas las decisiones tomadas durante la construcción del objeto, en otros casos  los estudiantes incitados por ser “poéticos” recurren a palabras extravagantes para contar sus experiencia personales desligadas de su entorno o de cualquier acontecimiento que pueda vincular a otros fuera de su propia individualidad, hay casos en que los estudiantes deciden ser rigurosos y tomar de ejemplo  textos profesionales que circulan en el mainstream del arte, normalmente estas producciones son catalogadas dentro de Teoría o Historia del Arte; aún cuando no sea esa su pretensión.

Mi defensa es por las prácticas discursivas como prácticas dentro de la actividad política de un artista. Estas no son explicativas, son acciones que se desprenden de un mismo criterio y posición política que atraviesa la actividad del artista y que se construye desde el sujeto, aún cuando sea la producción de objeto serial, y su práctica discursiva este ligada a los discursos conocidos de la estética. Las prácticas discursivas podrían tener lugar en el aula en el momento que el artista presenta, conflictua, dispone y aparece él mismo como sujeto, que puede actuar como como transformador y/o  actor público.

Es una postura política estar en una mesa redonda y negarse a jugar las ficciones de la “participación”, y por el contrario permanecer atento, en escucha y disposición, esta acción más que pretender construir cosas en conjunto cada vez que se escucha o, mejor, cada vez que hablamos juntos es una acción insistente por permanecer en proceso de subjetivación.

La escucha es la acción más difícil a la que me he dispuesto después de asumir que hablar en voz alta es una intervención política.